Cuando Google empezó a desarrollar Android, como respuesta al iOS de Apple que reinventó los teléfonos inteligentes, no creo que pensara que iba a tener tanto éxito como ha tenido. Su gran baza fue que era de código abierto, con una buena parte de su desarrollo siendo público, pero ese modelo ha tenido que equilibrarse con licencias de colaboración con empresas para acceder a ventajas como las novedades por anticipado o que sus móviles lleven los servicios móviles de Google (GMS) preinstalados, que son los que se necesitan para Google Play. Ese modelo de desarrollo va a pasar a uno solo privado.

Eso significa que Google va a mover todo el desarrollo colaborativo del proyecto de código abierto de Android (AOSP) —la pila de Bluetooth, virtualización, SELinux, y otros componentes— a las ramas privadas que usa ahora mismo para hacer la mayor parte del desarrollo de nuevas características. El resto de cambios lo venía haciendo de manera pública, lo que significa que también recibía y podía añadir las aportaciones de otros. Las empresas que pagan por los GMS sí tienen acceso a parte del trabajo privado, así que esos seguirán teniendo el mismo acceso, como Samsung.

La explicación que da Google es que ese desarrollo público y privado hace que la parte pública esté muchas veces por detrás de la privada, lo cual causa retrasos al añadir cambios a la versión final, corregir fallos, etc. El control total del desarrollo le permitiría a Google acelerar todos los cambios que planea hacer. Eso modificará la cadencia con la que se obtienen actualizaciones de componentes críticos como el de Bluetooth, pero se supone que Google lo hace precisamente para reducir los tiempos de esas actualizaciones.

Vía: TechSpot.